domingo, 21 de febrero de 2010

Anoche soñé con Saramago.


Anoche soñé con Saramago.
Pienso en esto, fue muy raro.

En el sueño él era mi amigo, esas cosas raras que tienen los sueños.

Él estaba en mi casa, tomando mates en el patio, abajo de una parra y charlando como charlo con mis amigos. Recuerdo que en el sueño tuve la misma sensación de estar siendo participe de un momento de enriquecimiento, la misma sensación que tengo cuando estoy con mis amigos.
Saramago es un buen hombre, un hombre a quien deberíamos admirar más, esos hombres que están en la tierra para demostrar que hay otras formas de ver la vida.
En mi sueño era una persona muy simple pero a la vez de una complejidad de pensamiento sumamente atractiva, al igual que mis amigos, inteligentes, sabios, admirables.
Saramago habló conmigo de pavadas y de cosas serias, como lo hago con mis amigos.
Saramago se reía y se ponía serio por momentos como lo hacen mis amigos.
Saramago estaba a gusto en casa y en mi compañía y era recíproco, como lo siento con mis amigos.
No sé, no recuerdo en qué idioma hablé con Saramago, será porque cuando uno habla con los amigos es el lenguaje del alma quien transmite los mensajes.
La profunda admiración que siento por este escritor es la que siento por amigos, tal vez por ello en mi sueño, Saramago era mi amigo.

Mis amigos son como Saramago.

Este tipo de sensaciones me dan una felicidad inexplicable, saber que aprendo y admiro de cada uno de mis amigos es algo que me llena de emoción.

Gracias Saramago por la visita onírica y gracias a mis amigos por sus visitas en este mágico mundo real que transitamos.