Joven, bella, simpática pero bastante insegura. Estaba un tanto obsesionada con el futuro. Vivía pensando en lo que podría suceder.
Un día , oyó en un colectivo mientras volvía del trabajo a unas personas que hablaban euforicamente sobre diversos métodos adivinatorios, hablaban de tarot, de la lectura de la borra del café, del I-ching, y de distintos horóscopos... mayas, celtas, chinos. Su mente comenzó a volar. Escuchó también que nombraban una antigua técnica que consistía en lanzar una pregunta y abrir un libro al azar, las primeras palabras que sus ojos encontrasen, encerrarían la respuesta a su pregunta. Fácil, pensó.
Llegó a su casa, prosiguiendo con su rutina habitual y antes de dormir decidió incursionar en la novedad.
Así, noche a noche fue creando un hábito, antes de dormir emitía su pregunta. Las respuestas no siempre la satisfacían, se dormía más de una vez en pleno estado de confusión. Pasaban los días y esta técnica no la hacia sentir mejor.
Resultó ser que aquella joven practicaba la bibliomancia con una revista Condorito...
La vida no le era tan simple... interesante fue aquella vez que lo intentó con el librito de Avon y su respuesta fue un corrector de ojeras.
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